GuíaCómo se calcula un presupuesto de diseño web
¿Cuánto cuesta una página web?
No hay una tarifa única, pero sí unos pocos factores que explican casi toda la diferencia de precio entre dos presupuestos. Repasamos cuáles son, qué costes se quedan siempre fuera del diseño y cómo comparar dos ofertas sin mirar solo la cifra final.
Es normal querer una cifra antes de contratar. El problema es que una página web no es un producto de catálogo: el mismo encargo puede costar muy poco o mucho según lo que haya detrás. Lo que sí se puede explicar, y es lo que hacemos aquí, son los factores que determinan el precio y los costes que casi nunca aparecen en el presupuesto de diseño.
El precio de una web depende sobre todo de tres decisiones: qué tipo de sitio es, cuánto diseño y desarrollo propio lleva y qué funcionalidades necesita. Todo lo demás son costes recurrentes que existen igual: dominio, alojamiento, licencias y mantenimiento. Un presupuesto que no los menciona no es más barato, está incompleto.
Por qué nadie serio da un precio sin ver el proyecto
Dos negocios que piden lo mismo, una web para presentar sus servicios, pueden necesitar trabajos completamente distintos. Uno tiene ya textos, fotos y marca definida y quiere cinco páginas. El otro necesita estructura, redacción, sesión de fotos, un catálogo de doscientas referencias y conectarlo con su programa de gestión. La palabra web describe los dos casos y no dice nada del coste.
Por eso, cualquier propuesta seria empieza por entender el negocio: a quién vende, qué tiene que conseguir la web, qué existe ya y qué hay que crear desde cero. Ese análisis previo es lo que permite que el presupuesto sea un compromiso y no una estimación que se dispara a mitad del proyecto.
Este artículo se refiere a webs profesionales hechas con WordPress, que es el gestor de contenidos con el que trabajamos. Las plataformas cerradas de suscripción son otra conversación: abaratan el arranque y limitan lo que se puede hacer después, y el coste se traslada a una cuota mensual mientras la web exista.
Qué tipo de web necesitas
Es la primera pregunta y la que más mueve el precio, porque cambia la cantidad de trabajo, no solo su acabado.
- Web corporativa o de servicios: unas pocas páginas para explicar quién eres y qué haces, con formulario de contacto. Es el proyecto más contenido.
- Web con catálogo o portfolio: añade una base de datos de productos, obras o proyectos, con fichas y filtros, pero sin venta online.
- Tienda online: suma carrito, pasarela de pago, gestión de stock, impuestos, gastos de envío, cuentas de cliente y toda la parte legal de la venta a distancia. Es un salto de categoría, no un extra.
- Portal o aplicación web: registro de usuarios, áreas privadas, procesos propios. Aquí ya interviene desarrollo a medida y el presupuesto se calcula por horas de trabajo.
- Multiidioma: no es una traducción, es duplicar la estructura, la navegación y el mantenimiento de cada versión.
Cuánto diseño y desarrollo propio lleva
Dentro de un mismo tipo de web, el nivel de personalización marca la segunda gran diferencia. Hay básicamente tres caminos.
El primero es partir de una plantilla ya diseñada y adaptarla a los colores, el logotipo y los contenidos del cliente. Es la vía más económica y la más rápida, y también la que más limita: la plantilla impone su estructura, suele cargar funciones que nadie usa y cualquier cambio que se salga de lo previsto cuesta más de lo que parece.
El segundo es trabajar sobre una base ligera y construir encima solo lo que el proyecto necesita. Es la opción más habitual en proyectos profesionales, porque permite un diseño propio sin desarrollar toda la web desde cero, y deja un sitio con menos peso muerto.
El tercero es el desarrollo a medida completo, con diseño e implementación específicos. Es el más caro porque interviene al menos una persona de diseño y otra de desarrollo, y se justifica cuando el proyecto tiene requisitos que ninguna base cubre.
Un detalle que suele pasarse por alto: lo que se cuenta no son las páginas, sino las plantillas. Un catálogo con doscientos productos que comparten una misma ficha cuesta menos de diseñar que una web de ocho páginas donde cada una es diferente.
Funcionalidades que mueven el presupuesto
Cada requisito que se sale de mostrar información añade trabajo de integración, pruebas y, a menudo, una licencia anual. Las peticiones más frecuentes son estas.
- Pasarela de pago y facturación.
- Sistema de reservas o de citas, con disponibilidad y avisos.
- Integración con el ERP, el CRM o el programa de gestión de stock.
- Registro y área privada de usuarios.
- Buscador avanzado con filtros sobre muchos campos.
- Configurador de producto o presupuestador.
- Formularios complejos, con lógica condicional o firma.
- Traducción de la interfaz y del contenido a varios idiomas.
- Requisitos de accesibilidad concretos, cuando la normativa aplicable al sector los exige.
El contenido: el coste que casi nadie presupuesta
Un presupuesto de diseño web suele incluir la maquetación del contenido, no su creación. Si los textos no existen, alguien tiene que escribirlos, y esa es la partida que más veces retrasa un proyecto: la web está lista y lleva dos meses esperando a que el cliente mande los textos.
Lo mismo pasa con las fotografías. Las imágenes de banco abaratan, pero se reconocen y no ayudan a diferenciarse. Una sesión propia cuesta y se nota, sobre todo en negocios locales donde ver el sitio real es parte de la decisión de compra.
Y hay una tercera pieza que conviene decidir pronto: si la web se va a escribir pensando en las búsquedas de tus clientes o no. Redactar con criterio SEO desde el principio no encarece mucho más que redactar sin él, mientras que reescribir toda la web un año después sí.
Rediseño y migración
Rehacer una web que ya existe no es más barato que hacerla de cero, y a menudo es más caro. Hay que inventariar lo que hay, decidir qué se conserva, trasladar el contenido y, sobre todo, mantener las direcciones. Si las URL cambian sin redirecciones permanentes bien planteadas, se pierde de golpe el posicionamiento acumulado y las visitas que traía.
Ese trabajo de traslado, con su mapa de redirecciones, la revisión de enlaces internos y la comprobación posterior de que Google ha entendido el cambio, es una partida propia. Si no aparece en el presupuesto, conviene preguntar quién la va a hacer.
Es también el momento natural para limpiar: páginas que nadie visita, categorías vacías, contenidos duplicados. Migrar el desorden intacto es pagar por conservar un problema.
Costes recurrentes: dominio, alojamiento, licencias y mantenimiento
Al margen del diseño hay gastos que se repiten cada año y que existen independientemente de quién haga la web. El dominio se renueva anualmente. El alojamiento se paga por meses o por años y su calidad influye directamente en la velocidad del sitio, que a su vez es un factor de experiencia de usuario que Google mide. El correo profesional con tu dominio suele ir aparte.
A eso se añaden las licencias anuales de los plugins de pago y, en su caso, de la plantilla. No renovarlas no rompe la web de inmediato, pero deja de recibir actualizaciones de seguridad, que es exactamente el punto por donde entran la mayoría de los ataques a instalaciones de WordPress.
El mantenimiento es la partida que más se recorta y la que más caro sale ignorar. Incluye actualizar el gestor, los plugins y el tema, copias de seguridad comprobadas, vigilancia de la seguridad, revisión de errores y pequeños cambios de contenido. Una web sin mantener acumula vulnerabilidades y acaba costando una reconstrucción de urgencia.
Fuera del diseño quedan también servicios que muchos negocios acaban necesitando: identidad visual y logotipo, redacción continua, SEO y campañas de pago. No son obligatorios el primer día, pero conviene saber que existen para no descubrirlos cuando el presupuesto ya está cerrado.
Cómo comparar dos presupuestos
Comparar solo la cifra final es la forma más segura de elegir mal. Lo que hay que comparar es el alcance, y para eso el documento debe decir algunas cosas por escrito.
- Qué plantillas de página incluye y qué pasa si hacen falta más.
- Quién aporta textos, imágenes y traducciones.
- Qué plugins de pago se van a usar y quién asume la licencia el segundo año.
- Si el hosting y el dominio van incluidos, por cuánto tiempo y a nombre de quién quedan registrados.
- Cuántas rondas de revisión entran y cómo se factura lo que exceda.
- Qué incluye el mantenimiento y qué queda fuera.
- Plazo estimado y qué se necesita del cliente para cumplirlo.
- Si la web queda en tu propiedad, con acceso completo al panel, al alojamiento y al código.
Preguntas frecuentes
Dudas sobre el precio de una web
¿Por qué no publicáis una tarifa cerrada?
Porque el mismo encargo, una web para presentar unos servicios, puede significar cinco páginas con textos y fotos ya listos o un catálogo de doscientas referencias conectado con un programa de gestión. Publicar una cifra obligaría a elegir un supuesto concreto y a corregirlo en la primera reunión. Lo que sí hacemos es explicar qué factores mueven el precio y dar un presupuesto cerrado cuando conocemos el alcance.
¿Es más barato usar una plantilla?
De entrada sí, y para proyectos sencillos puede ser una decisión razonable. El coste aparece después: la plantilla impone su estructura, suele cargar funciones que nadie usa y todo lo que se salga de lo previsto cuesta más de lo que costaría sobre una base propia. Si la web va a crecer o a necesitar integraciones, el ahorro inicial se devuelve con intereses.
¿El mantenimiento va incluido en el precio del diseño?
Normalmente no, y conviene confirmarlo por escrito. El mantenimiento cubre actualizaciones del gestor y los plugins, copias de seguridad comprobadas, vigilancia de seguridad y pequeños cambios de contenido. No es opcional en la práctica: una instalación sin actualizar acumula vulnerabilidades conocidas, y recuperar una web comprometida cuesta bastante más que mantenerla.
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